jueves, noviembre 12, 2009

Artículo escrito por Lucía Etxebarría titulado YO, TAMBIÉN en su columna Simpatía por el débil dentro del suplemento dominical Magazine (1 de noviembre de 2009):

En la película Yo También, el chico con síndrome de Down se enamora de una chica normal. Normal es un decir, porque ella de normalita no tiene nada. Tras ver en el estreno a las azafatas con la camiseta promocional que decía Yo también, pensé en hacerme una camiseta que diga Yo también... me lo hice con retrasados. Vale, el chiste es muy bestia y muy negro, pero como el propio codirector de la película, Álvaro Pastor, me lo rió, me lo voy a permitir.

Me parece que la peli parte de una idea muy original y muy buena, y que el conflicto que cuenta lo puede entender cualquiera, incluso si no es down. El mismo conflicto (eterno) lo habría tenido el prota si hubiera sido obeso o un tipo enclenque con acné o si hubiera sido una lesbiana enamorada de una hetero al 120%. A todos nos ha pasado enamorarnos de alguien que no puede querernos. Es una peli que plantea muchas preguntas. Una de ellas, ¿por qué en el embarazo es casi obligada la prueba de aminocentesis para que te comuniquen si tu hijo es down o no y te ofrezcan la posibilidad de abortar en caso de que lo sea?

Yo no soy defensora del aborto. Nunca abortaría un hijo mío, y si mi hija, en un futuro, se quedara embarazada siendo adolescente, intentaría convencerla para que no lo hiciera. Pero no puedo oponerme al aborto porque desde Kant sabemos establecer la diferencia entre derecho y moral, y yo entiendo que no puedo imponer mi moral ni mis creencias a gente que no las comparte y, desde luego, doy por hecho que un feto de menos de doce semanas todavía no es una vida humana. Dicho lo cual, soy tajantemente contraria a que una mujer aborte sólo porque va a traer al mundo a un niño con síndrome de Down, y por eso no me hice la amniocentesis. Es decir, si una mujer pensaba abortar de cualquier manera, porque se veía incapaz de criar a ese niño, lo sentiré mucho por ella, pero no le impondré mis ideas.
Lo que no concibo es ese aborto selectivo según el cual sí que tendría un niño normal (sea lo que sea que se entienda por normalidad), pero no uno anormal. Nadie le garantiza que el presunto niño normal no le vaya a salir politoxicómano, neonazi o un mal bicho, así que elegir al niño a la carta, aparte de moralmente reprobable, en mi opinión, tampoco es garantía de más felicidad para la madre o para el hijo. Los que hemos conocido de cerca a niños y jóvenes con síndrome de Down sabemos que sus familias no son particularmente infelices, y no más infelices que otras familias cuyos niños tienen un expediente académico irreprochable.

El problema es que parece que para defender mi postura hay que ser extremadamente conservador y que una persona de mi perfil nunca podría sostener semejante afirmación. Pues bien, que se sepa que yo estoy a favor de la eutanasia, y del matrimonio homosexual, pero que no estoy a favor del aborto selectivo y eso no me convierte en ninguna facha. Muy al contrario, puesto que la selección en función de la belleza o la inteligencia era un criterio nazi, y en él se basaron a la hora de eliminar en la cámara de gas a los retrasados mentales y a los pacientes de sanatorios. Lo que quiero decir es que el conjunto de creencias de cada cual no puede encajarse en compartimentos estancos. Mucha gente no comulga al cien por cien con las creencias de determinado partido o religión. Y otros muchos creen albergar sólidas creencias que se les desmoronan cuando se enfrentan a determinados acontecimientos de su vida que no habían esperado que sucedieran. Pensemos, sin ir más lejos, en el caso de políticos como Rato, que estaban en contra del divorcio hasta que se enamoraron.


p.d.- Gracias a Placiplóstilus y Cvalda por enviarnos este más que interesante artículo de opinión.

p.d.2
- Las fotos son cortesía de Hugo y los cuerpos celestes.


jueves, noviembre 05, 2009

La noche de Halloween es una de esas celebraciones que siempre me gustaron. Terror y caramelos suena guay pero este año no me apetecía nada ni disfrazarme ni salir, ni siquiera me apetecía enterrar cosas vivas. Cada día estoy mas rancio y a la vez más cerca de mi anhelado sueño de convertirme en un viejo agrio y loco que vaya en bata y se desplace rodeado de felinos. Como aquella entrañable ancianita llamada Eleanor Abernathy en la malograda serie de personajes amarillos. Debido a esto opté por quedarme en casa a esperar a ver qué pasaba. Aparecieron dos grupos de niños a pedirme caramelos (los cuales ya poseía en un ataque de previsibilidad paternal). El primero estaba formado por 3 niños disfrazados de demonios con unos cuernos rotos y cuatro retales mal puestos. A los pobres les di muchos caramelos que compensasen su falta de interés en el asunto. El segundo constaba de tres niñas disfrazadas de brujitas que con una vocecilla casi imperceptible me pedían o un truco o un trato. Estuve apunto de hacerles una broma macabra con un cuchillo de cocina y sangre de pollo pero con los tiempos que corren mejor no herir la sensibilidad infantil (bastante tuvo mi hermano pequeño aquella mañana de 1996). Después no volvieron a llamar a mi puerta en toda la noche y me tocó espiar a la gente desde mi ventana y con la luz apagada. Llegada la madrugada y ya acompañado en mi locura transitoria me tragué "La novia de Frankestein" con Boris Karloff y Elsa Lancaster y "Drácula" con el auténtico Bela Lugosi. Y me parecieron estupendas, sobretodo la de Frankestein porque la otra terminaba de una manera un tanto brusca que no me convenció, no te explicaban que pasaba con los murciélagos de plástico ni por qué Bela Lugosi tenía la mirada iluminada como Madonna. Un misterio. Luego me fui a acostar y se acabó Halloween.

Al día siguiente bajando al perro vi a unos viejos jugando a la petanca y me acordé de la película "Phantasma" de Don Coscarelli y del miedo que me dió el anuncio en Antena 3 en el desaparecido programa NOCHE DE LOBOS (donde también pude ver "Critters" 1, 2 y 3). Por supuesto, nunca ví la película porque pasó el tiempo y no la volvieron a proyectar jamás. Igual que aquella película de Dario Argento llamada "Phenomena" (y que creo que pertenecía a la trílogia de las tres madres junto con "Suspiria" e "Inferno" y a su estilo favorito, el giallo, género que se basa en la resolución de asesinatos de un psicokiller por parte de bellas jovencitas perturbadas) y que fue un fracaso tal que ni Jennifer Connelly (que por aquel entonces era la pequeña protagonista) se atreve a mencionar. Creo que es hora de recuperarlas y os recomiendo que las busquéis en Google, no tienen desperdicio.

Pero los dos sucesos más terroríficos han acaecido esta semana. Anne Igartiburu protagoniza una película y Elsa Pataky rodará "Yo soy la Juani 2" con Bigas Luna. Yo todavía estoy temblando. Anne "corazones" es la "actriz" que encarna a una mujer que no puede olvidar que en su infancia fue testigo de un atentado etarra, ahí es nada. La película esta rodada en euskera y tiene un extra ordinario doblaje como podréis comprobar pinchando aquí a la altura de otras grandes películas en la historia del doblaje español como "Dinosaurio" o cualquiera de Ventura Pons. Por su parte Elsa Pataky ha declarado que quiere trabajar con Martin Scorsese por lo que yo me pregunto si algún día Martin hará una película con serpientes en un taxi. "Yo soy la Juani 2" tratará sobre el ascenso de una "actriz" en el mundo de la fama. Desde luego a Elsa no le falta experiencia. El largometraje se titulará "D D Hollywood" debido al nombre de la protagonista, Diana Díaz. Y lo más espeluznante es que se trata de una trilogía. Au...

Todo esto lo he descubierto gracias a que el miércoles tuvimos dos minutos de silencio en clase de guión, uno por cada una de estas dos grandes tragedias. ¿Clase de guión? Sí, porque ahora estoy metido en una escuela musical que la verdad, me tiene muy contento. No pretendo ser ni Fred Astaire ni Ginger Rogers pero si probar otras cosas (interpretativamente hablando) y qué mejor que cantar (y bailar por decir algo). Como además los jueves proyectan en la escuela películas "imprescindibles" en versión original mejor que mejor. Así ya llevo La Strada, Amadeus, All that Jazz y Sweet Charity sólo en este mes, más todo lo que veo por mi cuenta claro. También he escrito otra obra de teatro nueva, esta vez una comedia y hasta ahí puedo leer hasta que la registre. Y también me dispongo a dirigirla, cosa que me hace mucha ilusión.

Mientras tanto puede que empiece a trabajar por las mañanas navideñas en la tienda Disney gracias al inestimable enchufe de una amiga que mantendré en el anonimato (que divertido es hacerme el interesante). Eso sí he tenido que pasar una prueba de selección muy dura como todo hijo de vecino en la que disimulé mi fanatismo por el estudio Ghibli y me disfracé de persona alegre, amable, simpática y sociable. Una gran mentira digna de un oscar. Total que no lo hice tan mal y le vendí un peluche de Mickey Mouse a la encargada de la tienda que se hacía pasar por una niña de 8 años X_X . Luego dije que lo secuestraría y que no lo volverían a ver pero se lo tomaron a broma.

Por último escribo estas líneas desde mi cama, con la cabeza todavía envuelta en la obra que la desaparecida Pina Bausch traía a Madrid en este festival de tan extraño otoño. Kontakthof es una obra de danza contemporánea interpretada por mayores de 65 años no profesionales. Es un (citando a un amigo) "cabaret aristocrático con un ritmo enervante, decandente y tierno". A mí, personalmente, no se si me ha terminado de gustar. Entiendo el espectáculo como una sucesión de imágenes simbólicas que no hay porqué mirar como una historia estructurada. Sé lo que pretendía mostrar la autora, he leído lo que argumenta ella para poner en pie la obra y me parece que tiene momentos verdaderamente deslumbrantes pero aún así se me ha hecho tremendamente pesada. 3 horas de danza que para mí gusto podrían perfectamente haber sido hora y media. No soy ningún entendido de Pina Bausch y es más, esta es la primera obra suya que veo en directo y seguramente se me habrán pasado por alto mil cosas que no he llegado a comprender. Quizás mi sensibilidad no estaba preparada ni acostumbrada. No lo sé, pero no he sido el único ya que un 10 por ciento de la sala se ha marchado antes de que acabase la función. Aún así de los que nos hemos quedado hasta el final (insisto en que eramos la inmensa mayoría) algunos no han aplaudido muy entusiasmados y otros hasta se han levantado del sus asientos para ovacionar la obra (o a sus actores que sin duda son los que realmente se merecían todas esas palmas, no he visto a ancianos más entregados a la causa y en mejor forma). Pero en este momento me surgen las dudas de siempre: ¿Si sólo les complace a unos pocos entendidos incondicionales, es tan buena la obra? ¿Dónde está el límite entre la tomadura de pelo y el verdadero arte? ¿Cuántos verdaderamente estarán agusto con lo que han visto y cuántos se emocionaran sólo porque es Pina Bausch?. Yo por el momento no tengo respuesta pero sí se que mi visión no tiene porque ser la correcta (si es que la hay).

Con estas reflexiones os dejo, sintiendo mucho el fallecimiento de otro de los grandes, José Luis Lopéz Vázquez que en paz descanse (junto con Franciso Ayala y Levi-Strauss, siempre se van de 3 en 3). Por eso me despido con esta imagen inolvidable en "Mi querida Señorita" de Jaime de Armiñan. ¿Estáis seguros de que no es Carmen Maura?


Coged la felicidad y disfrutadla, siempre volverá a escaparse.


p.d.- La obra de Pina se estrenó a finales de los años 70 pero con adolescentes, reforzando la idea de la inocencia y el amor en sus vertientes más febriles. Quizás con ese ritmo frenético me hubiese gustado más.

p.d.2- FE DE RATAS: En el anterior post atribuía la imagen utilizada en Mapa de los sonidos de Tokio a Javier Aramburu, ex-miembro de Family. Pues bien, es de un Javier Aramburu que no tiene nada que ver con el que yo he mencionado. Así que lo siento, aunque nunca viene mal repasar los diseños del primero.

sábado, septiembre 12, 2009

Hay carteles de cine que son muy socorridos a la par que manidos y eficaces. Consisten en recortar el cuerpo del/la/los/las protagonistas de la película y pegarlos sobre un fondo de color o imagen de fondo (que bien podría ser de salvanpantallas de Windows). Estamos ante una comedia, ya sea de enredo, romántica o de sal gorda.


Hay otros en cambio, que se basan en una, dos o más imagenes contrapuestas gracias a la partición del cartel en varias partes, ya sea en horizontal o en diagonal (lo que da mayor dinamismo al conjunto). Se trata de películas de acción.

Luego están los carteles que, aunque no sean tan identificables como los anteriores pasan más o menos desapercibidos a los ojos del espectador. Se trata de combinaciones de imágenes que ya hemos visto mil veces y que sirven tanto para un roto como para un descosido. Son los thrillers y las películas de miedo*.

*El cartel de "¿Qué les pasa a los hombres?" es una clara excepción del género pero entra dentro de esta categoría ya que una película de amor con guerra de sexos y semejante casting es terrorífica.


Las películas infantiles tampoco se salvan del plagio y la poca originalidad al repetir patrones de películas anteriores o incluso de coetáneas temporalmente. No tiene que haber duda de quiénes son los protagonistas y qué clase de disparatadas aventuras van a vivir. Eso sí, cuantos más colores mejor.

Y luego está el cine de autor, con carteles mucho más originales y arriesgados que las películas comerciales pero que aún así, pueden llegar a caer en el tedio y el olvido. En los tiempos que corren pocas cosas llegan a obras inolvidables.


Por último, siempre nos quedarán los plagios.

Javier Aramburu es un músico y diseñador gráfico de San Sebastián (ex-componente del desaparecido dúo pop, FAMILY) que ha demandado a MediaPro por utilizar un imagen suya (que reposa sobre estas líneas) como cartel de la película "Mapa de los sonidos de Tokio". Isabel Coixet se refugia en la inocente excusa de que al escribir el guión, recortó dicha imagen de una revista y la puso de portada del mismo sin saber de quién era (ni ganas que tenía de hacerlo). A partir de entonces utilizaron la imagen y ahí se quedó la cosa. Pero ella como publicista sabe perfectamente lo que pasa con estas cosas de "poner algo que me encuentro por ahí y que seguramente tenga dueño en toda la distribución publicitaria nacional e internacional de una película". Así que si ya no me gustaba el cartel en sí (no por la imagen sino por el churro y la cutrez de poner letras encima de una foto -cosa que puede hacer hasta mi perro- cuando ya se tiene un cierto prestigio como para cuidar más ese tipo de cosas) ahora tengo más motivos para escandalizarme al verlo.

Además, Javier Aramburu tiene diseños mucho más interesantes y originales que cualquiera de los carteles de cine actuales. Con lo que está más que en su derecho de reclamar la parte que le toca.

Así que parece ser que si nadie lo remedia, el cartel de cine como objeto artístico está de capa, no ya caída, sino directamente incinerada. Ahora ya no se hacen las cosas para disfrutarlas, se hacen para tirarlas.

p.d.- Podéis ver una exposición de buenos carteles, esta vez de conciertos (que estos si que están en auge) pinchando aquí y también aquí. O aquí. Y si os apetece, podéis leer un artículo sobre el tema aquí.

p.d.2- El blog de Javier Aramburu, aquí. Su página web en http://www.j-aramburu.com/.